El tigre que creía ser oveja

(Un cuento hindú)

Había una tigresa embarazada que alumbró un precioso cachorro. Sin embargo, la tigresa no logró sobrevivir al parto y el cachorrito fue recogido por las ovejas. Se hicieron cargo de él, dándole de mamar y cuidándolo con mucho cariño. El felino creció entre las ovejas, aprendió a pastar y balar. Su balido era un poco diferente y chocante al principio, pero las ovejas se acostumbraron. Aunque físicamente era bastante distinto a las ovejas, su temperamento era como el de ellas y sus compañeras estaban muy satisfechas con el tigre-oveja. Y así fue discurriendo el tiempo. El tigre-oveja era manso y delicado.

Una mañana clara y soleada, el tigre-oveja estaba pastando con gran disfrute. Un tigre se acercó hasta el rebaño y todas las ovejas huyeron, pero el tigre-oveja, extasiado en el alimento, seguía pastando. El tigre lo contempló sonriendo. Nunca había visto algo semejante. El tigre se aproximó al cachorro y, cuando éste levantó la cabeza y vio al animal, exhaló un grito de terror. Comenzó a balar desesperadamente.

-Cálmate, muchachito -le apaciguó el tigre-. No voy a hacerte nada. Al fin y al cabo somos de la misma familia.

-¿De la misma familia?- replicó sorprendido el cachorro-. Yo no soy de tu familia, ¿qué dices? Soy una oveja.

-Anda, acompáñame -dijo el tigre.

El tigre-oveja le siguió. Llegaron a un lago de aguas maravillosamente tranquilas y despejadas.

-Mírate en las aguas del lago -dijo el tigre al cachorro.

El tigre-oveja se miró en las aguas. Se quedó perplejo al contemplar que no era parecido a sus hermanas, las ovejas.

-Mírame a mí. Mírate a ti y mírame a mí. Yo soy un poco más grande, pero ¿no ves que somos iguales? Tú no eres una oveja, sino un tigre.

El tigre-oveja se puso a balar.

-No bales -le reprendió el tigre, y a continuación le ordenó-, ruge.

Pero el tigre-oveja siguió balando y en días sucesivos, aunque el tigre trató de persuadirle de que no era una oveja, siguió pastando. Unos días después, el tigre le trajo un trozo de carne cruda y le pidió que lo comiera. En el mismo momento en que el tigre-oveja probó la carne cruda, tuvo conciencia de su verdadera identidad, dejó el rebaño de ovejas, se marchó con el tigre y llevó la vida propia de un tigre.

Reflexionemos sobre ello, debemos intentar no dejarnos llevar por el rebaño sino saber que somos tigres y que tenemos identidad propia. Somos únicos y especiales. De allí nace nuestro ser más puro y por tanto toda nuestra fuerza y nuestra seguridad.

Te pregunto. En estos momentos de tu vida,

¿crees que estás siendo más oveja o más tigre?

 

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